Me ha hecho mucha gracia leer un SMS que he recibido esta mañana, paso a publicarlo:
Ma yamad ana q la yams xq n tien tu num pa qdar oy o mñn pa lo de inv comer. Yo n qdo q ya lo tngo exo, bss
Traduzco: Me ha llamado Ana, que la llames porque no tiene tu numero para quedar hoy o mañana para lo de Investigación Comercial una asignatura de la carrera. Yo no quedo que ya lo tengo hecho, besos.
Esa tal Ana, para que os situeis, es una compañera de clase la cual hablo pocas veces de las que van detrás de tí cuando les interesa y cuando no ni te miran y además tenemos nuestros números de móvil, nuestros emails, agregados al Tuenti, Facebook y que también conoce mi blog que tiene un bonito apartado de About donde hay OTRA cuenta de email con la que contactar conmigo y los iconitos a los servicios 2.0 que uso y que seguramente también usa ella.
La semana pasada hablé con ella y le vi un teléfono nuevo ultratácil como me gusta llamarlos. Le pregunté acerca de ese cambio de móvil y me dijo que el fin de semana anterior se le perdió el suyo en la discoteca.
Al no pedirme el número de teléfono pensé que lo tendría en algún backup o en alguna agenda de papel por lo que no le di la menor importancia.
Tras recibir el sms me he parado a pensar que si con tanta información y formas de contacto como las que disponemos hoy día si estamos más o menos disponibles a la gente. Aún recuerdo cuando era pequeño y me iba a casa de mi abuela, llamarme mis amigos a casa y decirles mi madre “está en casa la abuela, llamad allí”. Lo fácil que era, solo tenías dos números de telefono a los que contactar, a lo sumo tres.
Ahora, con tanta información, redes de contactos, cuentas de correo y demás creo que estamos perdiendo las formas rápidas y sencillas de contactar con la gente. Al tener tanto a lo que podemos acudir, nos entra el miedo y no sabemos por que vía tirar a la hora de contactar con una persona. Lo más sencillo, el correo electrónico.
Singing Nickelback – Someday.Spotify
































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